Campaña de Chanel Otoño/Invierno 2026

Campaña de Chanel Otoño Invierno 2026. Artículo de Ana Topi, Editora de RUNWAY REVISTA. Foto cortesía: CHANEL.

Un apartamento lleno de fantasmas y glamour

Si las paredes pudieran hablar, la escalera de espejos del número 31 de la Rue Cambon probablemente exigiría un trago fuerte y una disculpa por todas las miradas escrutadoras que ha presenciado desde la década de 1920. Para la temporada Otoño/Invierno 2026, Matthieu Blazy decidió transformar el santuario sagrado de Gabrielle Chanel en la velada privada definitiva. La campaña, capturada con urgencia cinematográfica por Julien Martinez Leclerc, nos invita a una fiesta en una casa donde los fantasmas de la alta costura del pasado se mezclan sin esfuerzo con el ritmo dinámico del presente.

Protagonizada por un elenco ecléctico e imponente —Awar Odhiang, Bhavitha Mandava, Noor Khan, Trinidad Castaño, Xiuli Jiang, Imane Benkaddour, Julia Morais, Adeng Marial, Lais Hames, Stephanie Cavalli y Anne Vyalitsyna—, la película prescinde de la reverencia aséptica que suele imponerse a las casas históricas. En cambio, captura el movimiento: mujeres que descienden escaleras de caracol, que se recuestan despreocupadamente en sillones de terciopelo de mediados de siglo y que rozan biombos lacados de Coromandel.

La oruga, la mariposa y el telar

En el corazón filosófico de esta colección reside el diálogo entre el potencial primigenio y la metamorfosis final: la metáfora de la oruga y la mariposa. Se trata de una paradoja biológica traducida directamente a la anatomía textil. La función choca con la ficción, el día se funde con la noche, y los códigos arquitectónicos establecidos por la propia Coco se desmantelan y se reconstruyen con un guiño cómplice y cómplice.

El traje —ese intocable símbolo de la elegancia burguesa— se libera de las rígidas convenciones de la moda. Blazy suaviza los hombros y alarga las líneas, modificando las proporciones hasta que la silueta tradicional se siente ligera como una pluma. Se observa un audaz abanico de experimentación táctil: tejidos de punto acanalados con cuentas, tweeds vaporosos y momentos donde la silicona líquida y el lúrex se entrelazan como en una pintura de acción.

En un rincón del salón, un abrigo de tweed extragrande con detalles en azul eléctrico se combina con un delicado encaje coral de inspiración lencera, que se lleva con naturalidad junto a un llamativo bolso de piel de cocodrilo bermellón. Es precisamente esta tensión entre la solidez de la armadura y la vulnerabilidad expuesta lo que confiere a la colección su carácter moderno. La mujer CHANEL aquí no es ni un adorno ni una ejecutiva caricaturizada en lana; es fluida, ligeramente irreverente y siempre en movimiento.

El arte del engaño: sastrería trampantojo

La chaqueta se convierte en protagonista, pero no como la conocemos. Matthieu Blazy renueva su geometría fusionando décadas y combinando la audacia utilitaria de la moda masculina con la pura artesanía de la alta costura parisina. Vemos chaquetas vaqueras de punto acanalado azul marino con cremallera, bombers de ante a cuadros y blazers estructurados que se llevan sobre faldas que caen deliberadamente por debajo de la cintura.

Haciendo eco de las revolucionarias siluetas iniciales de Gabrielle, Blazy subvierte la sastrería tradicional mediante una deliberada construcción trampantojo. Un traje estructurado de bouclé color crema, enmarcado por un ribete floral oscuro, se abre para revelar una blusa de seda burdeos intenso con cuello vuelto que domina la escalera. Colgado al hombro, el nuevo bolso de solapa de piel repujada, presentado el pasado octubre y que ahora hace su segunda y definitiva aparición en ricos tonos verde bosque. La sastrería no limita; avanza con paso firme.

Cerca de allí, un deslumbrante traje de falda color ámbar metalizado, con el brillo de la luz solar fundida, dialoga armoniosamente con un abrigo floral bordado en negro y carmesí, reposando en un sillón rosa de estilo art déco. Unos clásicos zapatos de tacón bicolor con tacones esculturales aportan una innegable elegancia parisina, complementados por la clásica solapa acolchada negra.

Naturaleza, artificio y el gran salón

La metamorfosis es, fundamentalmente, un acto de la naturaleza, pero la alta costura representa la máxima expresión del artificio humano. Blazy se deleita con esta contradicción. Las históricas mamparas lacadas del apartamento, talladas con motivos florales ancestrales, encuentran su contraparte contemporánea en prendas donde las formas botánicas parecen brotar literalmente del tejido.

En las suites privadas, las superficies de tweed se transforman en plumas tridimensionales negras y violetas, imitando frondas y plumas botánicas. Junto a un bolso exótico de solapa en tono aguamarina con herrajes dorados en forma de mariposa, el conjunto transmite una sensación de solidez y ligereza. Al entrar en la habitación contigua, la mariposa emerge en todo su esplendor: un vestido de organza transparente velado con un brillo iridiscente, salpicado de delicadas flores en los hombros y bordado con apliques de insectos en miniatura que resplandecen al reflejarse en las lámparas de araña del salón. Combinado con un bolso de solapa rosa caramelo con relieve, zapatos de tacón de punta en tonos pastel y collares de resina superpuestos, se trata de alta costura tratada como un ecosistema vivo, en lugar de reliquias de museo.

El nuevo vestuario del movimiento

Entre joyas de nácar tintado, detalles de resina de colores y calzado de cuero flexible bicolor diseñado para caminar de verdad y no para simplemente posar, Blazy demuestra que el vocabulario de Chanel no necesita una renovación drástica, solo un impulso genuino.

Al convertir la Rue Cambon en una reunión íntima de personalidades distintas en lugar de un templo de solemne contemplación, la campaña Otoño/Invierno 2026 capta lo que Gabrielle Chanel siempre entendió: la ropa no tiene sentido a menos que alguien la use, se mueva y tal vez cause algún que otro problema.

Ver toda la campaña de Chanel Otoño/Invierno 2026

De París, Francia