Louis Vuitton Otoño Invierno 2026-2027 «SUPER NATURE» de Nicolas Ghesquière. Historia de Eleonora de Gray, editora jefe de RUNWAY REVISTA. Foto cortesía: Louis Vuitton.
La colección Otoño-Invierno 2026-2027 de Louis Vuitton llega con una retórica mucho más grandiosa que la propia ropa. «Super Nature», como declara con grandilocuencia el comunicado de prensa, imagina la moda como un folclore reconstruido: una nueva mitología forjada a partir de montañas, bosques, digital climas y los escombros reorganizados de nuestro mundo moderno. Promete una "visión ampliada" de lo natural y lo ancestral. Lo que camina por el runway, sin embargo, oscila entre la escultura conceptual y el vestuario involuntario.
Ghesquière sigue siendo uno de los futuristas más agudos de la moda. Pero esta temporada revela el riesgo de intelectualizar excesivamente el instinto: la naturaleza se convierte en abstracción, el folclore en invención y la silueta en espectáculo por el espectáculo.
La silueta del monumento: cuando la ropa de abrigo se vuelve monolítica
El look inicial marca la pauta con una capa del tamaño del ala de un avión planeador, cosida con un perímetro de cuero rizado, y un vestido fruncido con pliegues brillantes y gomosos. Impresiona en escala, pero la naturaleza, incluso en sus momentos más dramáticos, rara vez se siente tan artificial.
Los paisajes exagerados de los hombros y las geometrías acolchadas hablan menos de viento y erosión, y más de experimentos de diseño industrial. Los impulsos escultóricos de Ghesquière son inconfundibles, pero su resonancia emocional es mínima. Son siluetas que admiras, no siluetas en las que vives.
Las pieles de imitación folclóricas: pastor, pero con un toque de ciencia ficción
Un abrigo de piel vegetal color crema, grueso como una tormenta, tan ancho como una oveja de montaña, intenta unir el folclore y el futurismo. La casa insiste en que estos textiles representan una nueva naturaleza: diseñada, moral y sostenible. El efecto, sin embargo, se acerca mucho más al vestuario teatral que a la artesanía moderna.
La superposición subyacente, una falda de fieltro con paneles sobre pantalones acampanados, se asemeja a un híbrido arqueológico: en parte atuendo sami, en parte armadura postapocalíptica. La ambición conceptual es clara, pero la línea entre significado y literalidad empieza a difuminarse.
La sátira pastoral: sombreros de paja, cuellos de piel y comedia accidental
Una secuencia de miradas llega casi a la parodia:
- Sombreros de tres picos inflados hasta dimensiones cómicas.
- Tabardos ribeteados de piel que evocan recreaciones medievales.
- Delantales, baberos y cuellos de punto que se adentran en la nostalgia con sorprendente seriedad.
Un vestido, una funda de satén negro con un panel triangular de punto, intenta una simplicidad primitiva, pero termina imitando la idea del departamento de vestuario de "ropa de pueblo". La desconexión es desconcertante.
Ghesquière, al intentar crear un nuevo folclore, empieza a imitar el antiguo demasiado literalmente.
Hyper-Craft: El argumento más sólido de la colección
Cuando el comunicado de prensa habla de “hiperartesanía” no exagera.
Las técnicas en sí son notables:
- Motivos animales tejidos en faldas de fieltro como pinturas rupestres reimaginadas a través de Jacquard.
- Cuero manipulado para imitar la veta de la madera, Una ilusión misteriosa y hermosa.
- Botones esculpidos como minerales.
- Tacones de resina con forma de astas.
Estos momentos revelan la excelencia de Ghesquière: inventar materiales que transmiten una sensación a la vez antigua y extraterrestre. Si las siluetas se suavizaran, estas innovaciones tendrían espacio para respirar.
El instinto del collage: un cuerpo como paisaje
Hay varios looks que tratan la ropa literalmente como terreno:
- Montañas de fieltro cosidas en chaquetas.
- Cuadrículas de retazos que se asemejan a mapas cartográficos.
- Capas de nailon, organza y cuerda dispuestas como estratos geológicos.
Estas prendas encarnan el concepto de "topografía del cuerpo" con mucha más claridad que los abrigos inflados. Son imaginativas sin resultar abrumadoras, prueba de que la colección tenía un camino más sutil y cautivador.
Las Grandes Cúpulas de Paja: Objetos de Arte en Busca de un Armario
Los enormes sombreros tejidos, del tamaño de una catedral, que se ciernen sobre frágiles vestidos de nailon, son proezas artesanales. Pero su impacto es más teatral que sartorial. Aplanan la figura humana que los sostiene, transformando a quien los lleva en un portador anónimo de un objeto conceptual.
La naturaleza, en la vida real, no borra al individuo. Estas piezas sí.





Los bolsos: donde Louis Vuitton recupera su pulso
En medio del maximalismo, la marroquinería ofrece silenciosamente el argumento más convincente de la temporada:
- El Bolso Noé regresa a sus proporciones de 1932, finalmente despojado de adornos.
- Los bolsos tipo cubo aparecen en tonos lacados profundos y tienen forma de teteras para fogatas.
- Las bolsas con correas se asemejan al equipo de explorador.
Aquí, los instintos de Ghesquière se alinean perfectamente con el ADN de Vuitton: movilidad, artesanía, curiosidad.
Si la ropa llega demasiado lejos, las bolsas encuentran el equilibrio.
El final: pliegues, gorgueras y un nuevo puritanismo
Los vestidos finales —claros, plisados, enmarcados por gorgueras isabelinas— introducen una nueva serenidad, casi eclesiástica. Si la naturaleza es catedral, estos vestidos son feligreses. Su simplicidad resulta extrañamente conmovedora, insinuando una atmósfera más tranquila.digital un folclore que el resto de la colección no se atrevió a abrazar.
UNA MITOLOGÍA AÚN EN CONSTRUCCIÓN
“Super Nature” se propone reinterpretar lo primordial a través de lo tecnológico.
Tiene éxito en la artesanía, en los materiales, en la imaginación, pero falla en la proporción y la coherencia.
Ghesquière sigue siendo un visionario, pero aquí su visión se fragmenta:
Mitad ciencia ficción, mitad fábula pastoril, mitad teatro experimental.
Louis Vuitton quería un nuevo folklore para el futuro.
Lo que entregó es una serie de artefactos fascinantes, a veces hermosos, a veces desconcertantes.
Una mitología que todavía busca su narrativa.
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