Balenciaga Otoño 2026-2027 «Chair Obscur» de Pierpaolo Piccioli. Historia de Eleonora de Gray, editora jefe de RUNWAY REVISTA. Foto cortesía: Balenciaga.
Fresco de la Humanidad — “La luna es tan brillante como el sol”
El debut de Pierpaolo Piccioli en Balenciaga. Claro oscuroNo es una colección. Es un poema de claroscuro plasmado en cuero, lana y luz: un fresco de humanidad pintado con siluetas en lugar de pinceladas. Donde Demna diseccionó la distopía, Piccioli elige la ternura. Donde Balenciaga afiló el mundo hasta convertirlo en metal, Piccioli lo suaviza, sin renunciar a la brutalidad arquitectónica que define a la casa.
Aporta lirismo, pero no escapismo. Emoción, pero no fragilidad. Surge una nueva tensión: una suavidad monumental.
Desde el primer look —esos enormes abrigos negros con cuellos curvados y lunares— el mensaje es inconfundible. El volumen de Balenciaga se mantiene, pero ahora se mueve con pulso.
El nuevo brutalismo romántico
La caligrafía de Piccioli comienza con la estructura: pantalones de pernera ancha que barren el suelo como sombras; bombers de cuero infladas hasta convertirse en masas esculturales; abrigos cuyos hombros parecen anillos planetarios en lugar de prendas. Todo es sobredimensionado pero controlado, como moldeado por la fuerza de la gravedad en lugar de por la sastrería.
Las siluetas evocan el pasado de Balenciaga en la alta costura —el capullo, el volumen oblongo, la distorsión deliberada—, pero impregnadas de la elegancia humanista de Piccioli. El resultado es una silueta que respira: colosal pero íntima.





Las Estampas: Amor, Creencia, Humanidad
A través de abrigos y prendas de punto, Piccioli inserta una narrativa tranquila mediante frases impresas:
“Amas a quien amas.”
“O crees o no crees.”
"Es una cosa mía."
“Eres todo lo que tengo en este mundo”.
“La luna es tan brillante como el sol”.
Estas líneas, dispersas como fragmentos de conversaciones oídas, transforman las prendas en documentos emotivos. Se leen como confesiones garabateadas en los márgenes de la vida: tiernas, obstinadas, vulnerables.
En una capa, un coche borroso por la noche aparece en movimiento, como capturado a través de una ventana mojada por la lluvia. Otra muestra una cortina roja abriéndose, un escenario de anhelo humano.
La imaginería de Piccioli no es decorativa; funciona como memoria. La ropa se convierte en portadora de mundos interiores.
Claro oscuro:El poema como modelo
El texto que acompaña a la obra, escrito por Piccioli, constituye el pilar de toda la colección:
"Como si
La luna es tan brillante como el sol.
Como si
Podríamos tomar las estrellas,
tirarlos hacia abajo y
Úsalos para la luz…”
Esto no es una metáfora. Es una directiva de diseño.
Los vestidos con lentejuelas plateadas brillan como estrellas caídas.
Los abrigos de color negro intenso absorben la luz como lo hace la ausencia.
El cuero rojo evoca la calidez de un planeta visto de cerca.
Los cuellos extragrandes enmarcan el rostro en claroscuro, como medialunas.
Piccioli trata a Balenciaga no como una marca, sino como un cuerpo celeste.
La humanidad en volumen
Lo que distingue este desfile de los Balenciaga anteriores es una nueva escala emocional.
- El enorme abrigo de espiga con su degradado ya no es un escudo, es un abrazo.
- El abrigos rosas y fucsias, de colores nítidos pero de contornos suaves, introducen calidez en un universo típicamente frío.
- El siluetas de noche, envueltos en constelaciones de lentejuelas, aportan la sensibilidad de alta costura de Piccioli sin diluir la severidad de Balenciaga.
Piccioli no niega el pasado de la casa. Lo replantea.
El volumen ya no es un arma, es expresión.
El lenguaje del cuero
El cuero domina la colección, no como una armadura, sino como una segunda piel.
- A chaqueta de cuero morada con pliegues de cuello exagerados como origami.
- A conjunto de cuero rojo—con cremallera, esculpida, imposiblemente fluida— demuestra la maestría de Piccioli sobre el material como movimiento.
- El cuero negro regresa una y otra vez, mate y pulido, reflejando la luz en arcos dispersos y controlados.
Es el léxico clásico de Balenciaga reescrito con la gramática más suave de Piccioli.
El fresco de la humanidad
El runway concluyó con dos vestidos brillantes, uno color piel y otro negro, donde la luz se convirtió en tela.
La ilusión de piel desnuda del vestido desnudo, salpicada de microconstelaciones, se hacía eco del poema de Piccioli: “Como si pudiéramos tomar las estrellas y derribarlas…”
El vestido negro, asimétrico y adornado con lentejuelas, reafirmó el núcleo más oscuro de la marca.
La humanidad, en la lectura de Piccioli, contiene tanto luminosidad como sombra.
Balenciaga, bajo su mano, se convierte en un fresco donde estos contrastes coexisten en lugar de chocar.
Una nueva época para Balenciaga
De Piccioli Claro oscuro Es más que un debut; es una reconciliación.
Une la severidad arquitectónica de la casa con la dimensión emocional que aportó a la alta costura. El resultado es una colección que se siente monumental pero profundamente humana: una transición de la hiperrealidad a la hipersensibilidad.
Demna convirtió a Balenciaga en una basura cultural.
Piccioli lo convierte en una linterna.
Como si la luna realmente fuera tan brillante como el sol.
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